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jueves, 4 de mayo de 2017
RIMA IV
RIMA IV
No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
martes, 2 de mayo de 2017
GUUSTAVO ADOLFO BECQUER
Gustavo Adolfo Bécquer
(Gustavo
Adolfo Domínguez Bastida; Sevilla, 1836 - Madrid, 1870)
La
obra de Bécquer ejerció un fuerte influjo en figuras posteriores como Rubén
Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la generación del
27.
Hijo
y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su
adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura. En 1854 se
trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. Para poder
vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro
extranjero, principalmente del francés, en colaboración con su amigo Luis
García Luna, adoptando ambos el seudónimo de «Adolfo García».
En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, hija de un
médico, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio nunca fue feliz, y el poeta
se refugió en su trabajo o en la compañía de su hermano Valeriano, en las
escapadas de éste a Toledo para pintar.
La
etapa más fructífera de su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso
la mayor parte de sus Leyendas,
escribió crónicas periodísticas y redactó las Cartas
literarias a una mujer, donde expone sus teorías sobre la
poesía y el amor. Una temporada que pasó en el monasterio de Veruela en 1864 le
inspiró Cartas
desde mi celda, un conjunto de hermosas descripciones paisajísticas.
Económicamente
las cosas mejoraron para el poeta a partir de 1866, año en que obtuvo el empleo
de censor oficial de novelas, lo cual le permitió dejar sus crónicas
periodísticas y concentrarse en sus Leyendas y sus Rimas, publicadas
en parte en El museo universal.
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